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UNA CITA Y UNA CARTA
Justo Arroyo

Conocí a Mary Quelquejeu de Galindo la noche de la presentación del libro Corazón de águila. En él me refería a ella y traía al encuentro mi admiración por ésta, la primera piloto panameña. Nada, sin embargo, me había preparado para la dama de radiante belleza que, a sus ochenta años, discurría con gracia y amenidad.
A los días recibí la carta que publico ahora, de modo de compartir con los lectores una visión, aunque somera, de esta extraordinaria mujer que -ecos de Saint Exupéry y Chuchú Martínez- combinó su pasión por el vuelo con su amor por la poesía.
Mary Quelquejeu de Galindo murió a los noventa años, y vale la pena reiterar su vigencia como paradigma de mujer latinoamericana.

LA CITA:

"El día le reservaba aun más satisfacciones a Gelabert. Porque entre los graduandos como pilotos estaba una guapa, inteligente y valiente dama de nombre Mary Quelquejeu de Galindo, quien con este acto no sólo iba a constituirse en la primera piloto panameña sino que iba a convertirse en símbolo para las mujeres de cualquier país.
Luego de cuatro meses de entrenamiento bajo su instructor Gelabert, de quien Mary de Galindo se refería como "exigente, responsable y estupendo aviador", se encontraba allí, bajo el sol ardiente, sin una gota de sudor en su bello rostro y esperando tranquilamente su prueba aérea, indispensable para todo graduando.
Mary de Galindo contaría luego cómo Gelabert, siendo su instructor, se ponía a leer una revista mientras ella piloteaba, demostrándole así su plena confianza.
La prueba aérea de Quelquejeu de Galindo fue una de las más difíciles, y todos en la concurrencia, con excepción de Gelabert, realizarían un aguante de aliento colectivo cuando la escultural aviadora se dirigió con paso seguro a su avión, encendió el motor y se elevó.
Su prueba era lo que en términos de aviación llaman un Dead Stick Landing, que consiste en apagar el motor en pleno vuelo y forzar la posición del aparato, poniendo la nariz del medio hacia arriba hasta obtener una pérdida completa de velocidad. Esto se repite tres veces y en el proceso se pierden unos 500 pies hasta que se logra detener la hélice y se aterriza planeando con el motor y la hélice muertos.
Hubo muchas y arriesgadas pruebas para todos los pilotos graduandos, tales como desgarramiento de papel y rompimiento de globos, las cuales exigen un alto grado de pericia. Pero la ovación que recibió la piloto Mary Quelquejeu de Galindo opacó a cualquiera recibida por sus colegas masculinos
Mary de Galindo continuó volando aviones hasta 1950, cuando por razones de su maternidad decidió colgar sus alas. Entre sus ilustres pasajeros estuvieron el presidente Ernesto de la Guardia y el general Bolívar Vallarino. En 1967 se le declaró Mujer del Año."

Tomado de: Corazón de águila, págs. 177, 178 y 179.

1 de diciembre de 1946, graduación como piloto. Recibe sus alas de Marcos Antonio Gelabert


LA CARTA:

Panamá, 24 de enero, 1997


Profesor Justo Arroyo
Ciudad de Panamá, R.P.

Estimado profesor:

Por gentil deferencia de mi querida amiga, doña Ida de Gelabert, ha llegado a mis manos la excelente obra Corazón de águila, que usted acaba de terminar y que he leído con inmenso interés y nostálgica emoción.
El título, Corazón de águila, lo dice todo, pues compendia los conceptos de valor, fuerza, decisión, perseverancia, anhelos de altura y superación. Estas condiciones fueron innatas en el Capitán Marcos Antonio Gelabert y constituyeron la firme base de su atrayente personalidad y lo impulsaron hacia la cumbre de su vocación de aviador.
Su precioso trabajo, profesor, me ha descubierto acontecimientos poco conocidos, anécdotas amenas y detalles de la vida familiar de nuestro héroe. Por mucho que se ha escrito sobre su vida, hacía falta y todavía merecía ser analizada por una pluma maestra como la suya que, entre otras cosas, resaltara y dejara muy clara la actuación patriótica y nacionalista del Capitán Gelabert en su incansable y exitosa lucha por la soberanía abierta de nuestros cielos.
Lo felicito efusivamente y deseo, además, en humildes y muy sinceras gracias, testimoniarle mi profundo agradecimiento por las extensas y generosas frases que me dedica en su obra. Ellas han motivado en mi ánimo emotivas remembranzas que han hecho renacer la frescura de aquellos días que marcaron mi vida para siempre con el orgullo de haberlos compartido con aquel "Corazón de águila", mi exigente instructor, y con su maravillosa esposa, Ida.

Lo saludo, con respeto y admiración.
María Q. de Galindo



   
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